¿La desnutrición en América Latina ha dado la vuelta?


Lawrence Haddad

Senior Research Fellow, International Food Policy Research Institute, and Co-Chair of the Global Nutrition Report's Independent Expert Group

Durante mucho tiempo hemos pensado que los países de América Latina son el epicentro de la doble carga de la malnutrición, donde los países se enfrentan simultáneamente a niveles muy graves tanto de desnutrición como de sobrepeso y obesidad. Los últimos datos globales, que se resumen en el Informe Global de Nutrición 2015, sugieren que esta caracterización ya no es válida, al menos en lo que se refiere a la antropometría de los niños menores de 5 años. El Informe muestra que de los 20 países de la región que tienen datos nacionales comparables, sólo 5 de ellos tienen niveles de retraso crónico de crecimiento en niños > 20% y niveles de sobrepeso y obesidad en adultos > 35%: Guatemala, Ecuador, Honduras, Nicaragua y El Salvador. Sólo 2 países tienen simultáneamente niveles de desnutrición aguda > 5% y niveles de sobrepeso y obesidad en adultos > 35%: Surinam y Guyana.

Pareciera que estos patrones son estables. De los 17 países en los que podemos evaluar las tendencias en el retraso crónico del crecimiento, los niveles están decayendo. En 7 países, los descensos son tan rápidos que lograrán las metas de reducción de retraso crónico de crecimiento en niños acordados por la Asamblea Mundial de la Salud para el 2025. Mientras que el sobrepeso y obesidad en adultos han aumentado en todos los países entre 2010-2104.

Tras una inspección más cercana de los datos podemos ver que la doble carga sigue presente, pero en lugar de una combinación de desnutrición crónica en menores de 5 años y sobrepeso y obesidad en adultos, la combinación perdurable es principalmente una de las deficiencias de micronutrientes en múltiples grupos de edad y de sobrepeso y obesidad en adultos. Por ejemplo, 9 países tienen prevalencias de anemia en mujeres en edad reproductiva por encima del 20% y sobrepeso y obesidad en adultos por encima de 35%.

¿Qué implicaciones tiene esta aparente evolución en la naturaleza de la doble carga en las acciones para combatir la malnutrición en la región? Es difícil decir con certeza. Intervenciones como la promoción de la lactancia materna exclusiva y la alimentación complementaria adecuada seguirán siendo fundamentales para la prevención del sobrepeso y la obesidad en menores de 5 años, así como la prevención de deficiencias de micronutrientes. El acceso a fuentes mejoradas de agua y saneamiento seguirá siendo fundamental para mantener el retraso crónico del crecimiento lineal y emaciación a niveles bajos. Por supuesto los promedios nacionales esconden muchas desigualdades geográficas, económicas y étnicas, por lo que la batalla contra la desnutrición crónica y aguda aún no se está ganando en segmentos importantes de la población.

Sin embargo, tal vez el mayor cambio en la política será un mayor reconocimiento de la centralidad que los sistemas alimentarios juegan en la causalidad de la malnutrición en todas sus formas. La globalización, la urbanización y el crecimiento de los ingresos, a la par con el aumento de la concentración del control del sistema alimentario por las grandes corporaciones nacionales y multinacionales harán que cada vez sea más difícil para los consumidores tomar decisiones de compra de alimentos más saludables. La introducción y aplicación de incentivos y desincentivos financieros a las empresas, para invertir más en alimentos saludables y menos en los alimentos altamente procesados que han demostrado ser factores de riesgo de enfermedades crónicas, serán cada vez más importantes, así como el etiquetado claro y sencillo de todos los productos alimenticios. Por supuesto, este tipo de políticas son más difíciles de poner en práctica en comparación con la política destinada a reducir la desnutrición. Hay intereses creados alineados contra las políticas de ambas formas de malnutrición, pero para la desnutrición no son tan poderosos. Las políticas de los sistemas alimentarios también son más difíciles de evaluar. Por ejemplo, estas políticas no se prestan fácilmente a la aleatorización de intervenciones.

Estos cambios en la naturaleza del problema de la malnutrición en la región plantean varios desafíos para los investigadores de la nutrición de todo el mundo:

    • La necesidad de trabajar a través de niveles organizacionales, así como a través de sectores. Ahora tenemos que ser capaces de rastrear los alimentos desde la granja a la mesa y entender donde las posibilidades de intervención positiva son mayores.

    • La necesidad de entender más al sector privado. Esto no significa necesariamente trabajar con empresas, sino que significa un mayor énfasis en la comprensión de ellas: lo que las motiva, aparte de lucro, ¿Son todas iguales y si no lo son que impulsa a las diferencias? ¿Dónde trabajan y cómo realmente funcionan?

    • La necesidad de fortalecer nuestra capacidad para llevar a cabo la investigación de políticas. No toda la investigación puede plegarse a las exigencias de la asignación al azar de las intervenciones. Ni deben. La naturaleza del problema y la intervención deben determinar el enfoque de evaluación. En particular, los enfoques de gobernanza y de ciencia política pueden añadir un valor significativo a estos esfuerzos, dada la no alineación de los intereses y los desequilibrios de poder entre los diferentes actores del sistema alimentario.

    El Informe Global de Nutrición 2015 propone ideas sobre cómo podemos evaluar la bondad de los sistemas alimentarios y cómo la confianza, la transparencia y la regulación se pueden fortalecer al engancharse con las empresas.

    El último desafío para los investigadores de nutrición en todo el mundo es tener acceso a datos de alta calidad que sean comparables en el tiempo y, si es posible, a nivel mundial. El Informe Global de Nutrición señala que en 20 países de América Latina sólo 9 tienen datos comparables para evaluar el progreso en los siguientes 6 indicadores de nutrición: retraso crónico del crecimiento, emaciación y sobrepeso en menores de 5 años, anemia en mujeres en edad reproductiva, lactancia materna exclusiva y sobrepeso y obesidad en adultos. De los 9 países, no hay ninguno en camino de cumplir las metas de la Asamblea Mundial de la Salud para los 6 indicadores, y sólo uno está en camino de cumplir 4.

    En los últimos 20 años América Latina ha hecho enormes progresos en la reducción de la desnutrición en menores de 5 años. Estos esfuerzos deben continuar, pero ahora también necesita enfrentar un nuevo conjunto de problemas, que tienen sus raíces cada vez más en los sistemas alimentarios que no sirven a grandes segmentos de la población. Para afrontar estos problemas emergentes, los equipos de investigación de nutrición de todo el mundo tendrán que reinventar sus enfoques y percepciones.

    Global Nutrition Report - Overview

    The Global Nutrition Report is an annual series that assesses progress in improving nutrition status across the globe, identi-fies obstacles to improvement, emphasises potential for action, and enhances nutrition accountability mechanisms. The report series was called for by the 90+ signato-ries of the Nutrition for Growth Summit (N4G) in 2013, and the inaugural edition was launched in November 2014 at the 2nd International Conference on Nutrition.

    The Report brings together 80+ indicators on nutrition status, determinants, intervention coverage, and resources for all 193 UN member countries, which are available online as individual Country Profiles. These are aimed at helping nutrition champions assess progress in nutrition and advocate for greater action at the country level.

    The Global Nutrition Report presents analyses of these data to assess global progress in improving nutrition and related determinants, and to recognise country-level experiences in relation to regional and global trends. More than just a document, the Report aims to be an intervention, highlighting key areas for action* and making recommendations of measures that can be taken to accelerate malnutrition reduction. It also assesses signatories' self-reported progress towards the N4G compact, and acts as an accountability mechanism for the commitments made by countries, donors, business and civil society organisations at the summit.

    With input from over 100 authors worldwide, the Report is delivered by an Independent Expert Group in collaboration with a large number of external partners and is guided by a high-level Stakeholder Group. It is funded through the support of the Bill & Melinda Gates Foundation, the CGIAR Research Program on Agriculture for Nutrition & Health, the Children's Investment Fund Foundation, the European Commission, the Governments of Canada, Germany, and the Netherlands, Irish Aid, UK Department for International Development (DFID), US Agency for International Development (USAID), and 1,000 Days. The International Food Policy Research Institute (IFPRI) oversees the production and dissemination of the Report, with the support of the Secretariat based at the Institute of Development Studies (IDS). The Lancet, the premier peer-reviewed medical journal, managed the blind external review process for the Report.

    * Calls to Action from the 2015 Global Nutrition Report

    1. Elevate the Role of Nutrition across the Sustainable Development Goals

    2. Strengthen National Accountability on Nutrition Targets

    3. Strengthen the Nutrition for Growth Process

    4. Deliver Better Nutrition Outcomes with Existing Funding

    5. Increase Funding for Nutrition Action

    6. Implement Actions to Address Malnutrition in All Its Forms

    7. Actively Build Alliances between Nutrition and Climate Change Communities around Common Goals

    8. Develop Indicators of the Impact of Food Systems on Nutrition and Health Outcomes

    9. Build a Greater Shared Understanding of the Roles and Responsibilities of Business in Nutrition

    10. Identify the Data Gaps that Hinder Effective Action-and Fill Them


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